Microconca de Laqueseaniega: una història de resistència i cura col·lectiva a Colòmbia

Microcuenca de Laqueseaniega: una historia de resistencia y cura colectiva en Colombia

Desde Colombia, Mar y Ainoa nos relatan su vivencia con el Comité de Cuenca de Barbosa, junto a nuestra contraparte Penca de Sábila.

El pasado 30 de julio tuvimos la oportunidad de andar por la microcuenca de Laqueseaniega, en el municipio de Barbosa, en un recorrido organizado por el Comité de Cuenca y la Corporación Ecológica y Feminista Penca de Sábila. No fue solo una excursión: fue una manera de entrar en la memoria y en la lucha de una comunidad que hace más de diez años que trabaja para recuperar su territorio.

De camino, aprendimos qué es una microcuenca: una unidad natural que va desde el nacimiento hasta la desembocadura de una quebrada y que incluye bosques, fincas, cultivos y zonas de vivienda. Pero más allá de la definición, nosotros la sentimos como un organismo vivo, frágil y a la vez resiliente.

Mientras escuchábamos la historia del comité, entendimos la magnitud del problema. Hace años, los humedales naturales de esta zona habían sido destinados a pastoreo. Esto degradó los suelos, hizo desaparecer fuentes y puso en riesgo el agua del acueducto local, de donde bebe la comunidad. Con el crecimiento demográfico, la presión fue todavía más grande.

Lo que más nos impresionó no fue la gravedad del diagnóstico, sino la respuesta colectiva. Ante la pérdida del agua, vecinos y vecinas decidieron ceder voluntariamente parte de sus terrenos para reforestarlos con especies autóctonas. Pudimos ver con nuestros propios ojos estos espacios recuperados, que hoy vuelven a dar vida. Y sentimos el orgullo de la gente al explicarnos que el trabajo voluntario, con manos y energía compartida, ha ido dando frutos.

Más de una década después, los resultados son palpables: las fuentes han mejorado, el bosque renace y la comunidad se ha fortalecido. Nosotros mismos percibimos la complicidad entre vecinos, la alegría de compartir conocimientos y la convicción que el territorio es de todo el mundo.

Al acabar el recorrido, nos quedamos con una idea clara: recuperar una microcuenca no es solo plantar árboles, es recuperar la confianza en la fuerza colectiva. En Laqueseaniega, el agua vuelve a brotar, y con ella, otra manera de vivir y relacionarnos con la naturaleza.