Liderazgo rural y organización feminista en Inhambane

Liderazgo rural y organización feminista en Inhambane

El II Campamento Provincial de Mujeres Campesinas fortalece la defensa de derechos, la autonomía económica y la justicia ambiental.

En un contexto marcado por las desigualdades de género, la precariedad rural y los impactos crecientes de la crisis climática, 23 mujeres campesinas de cinco distritos de Inhambane se reunieron para fortalecer su liderazgo y su capacidad de incidencia colectiva. El II Campamento Provincial de Mujeres Campesinas consolida así un proceso iniciado en 2022 que sitúa a las mujeres rurales como protagonistas en la defensa de sus derechos y de sus territorios.

Impulsado con la participación de los Servicios Distritales de Actividades Económicas (SDAE) —como titulares de obligaciones en materia de políticas públicas rurales— y con mujeres vinculadas a la União Nacional de Camponeses (UNAC), contraparte local del proyecto, el campamento refuerza las redes organizativas del territorio y la articulación entre mujeres campesinas de distintos distritos.

El encuentro tuvo lugar en Linga-Linga, en el distrito de Morrumbene, a finales de 2025, en un entorno elegido para garantizar privacidad y construir un espacio seguro donde compartir experiencias, desafíos y estrategias.

Liderazgo, agroecología y exigibilidad de derechos

Durante tres días de trabajo colectivo, las participantes analizaron las desigualdades que atraviesan sus vidas y fortalecieron herramientas para la exigibilidad de derechos ante las autoridades locales.

Los talleres abordaron derechos humanos, liderazgo y participación política. En el ámbito productivo, se trabajaron prácticas de agroecología, elaboración de biofertilizantes y conservación de semillas, reforzando la soberanía alimentaria y la resiliencia frente al cambio climático.

Más allá de la formación técnica, el proceso busca reconocer y fortalecer a las mujeres campesinas como sujetas políticas: productoras de alimentos, sostenedoras de la vida y guardianas de saberes fundamentales para sus comunidades.

Frente a la violencia, redes; frente a la desigualdad, autonomía

Uno de los espacios centrales estuvo dedicado a reflexionar colectivamente sobre la violencia de género como vulneración de derechos humanos y expresión de relaciones desiguales de poder. En un ambiente de confianza, las mujeres compartieron experiencias y reforzaron redes de apoyo mutuo. La pintura colectiva de mantos contra la violencia doméstica simbolizó un compromiso compartido: avanzar hacia vidas libres de violencias.

También se trabajaron contenidos vinculados al saneamiento, la salud sexual y reproductiva y el bienestar integral, reafirmándolos como derechos que requieren servicios públicos accesibles y políticas adecuadas.

La autonomía económica ocupó un lugar clave en el proceso. Los talleres sobre finanzas comunitarias y planificación colectiva pusieron en el centro una idea clara: sin independencia económica no hay igualdad real. La elaboración de planes de acción comunitarios permite trasladar los compromisos adquiridos a cada territorio y dar continuidad al trabajo organizativo.

Sembrar transformación más allá del encuentro

Las dinámicas culturales y simbólicas —como la hoguera feminista, la feria de saberes y sabores y las cartas de automotivación— fortalecieron los vínculos afectivos y políticos entre las participantes, contribuyendo a consolidar la confianza colectiva.

De manera unánime, las mujeres expresaron haber vivido un espacio seguro donde sus voces fueron escuchadas y valoradas. Muchas reconocieron haber fortalecido su autoestima y redescubierto capacidades propias, reafirmándose como trabajadoras de la tierra y defensoras del territorio.

Los aprendizajes y compromisos asumidos se proyectan ahora en las comunidades de origen a través de pequeños grupos de acción y procesos de movilización local. Los mantos pintados durante el campamento aspiran a convertirse en símbolos visibles de organización y resistencia.

El II Campamento Provincial de Mujeres Campesinas confirma que cuando las mujeres rurales se organizan, no solo transforman sus propias vidas, sino que fortalecen la soberanía alimentaria, la justicia ambiental y la democracia comunitaria en sus territorios.