Presentamos la Memoria de actividades 2022
El año 2022 ha marcado el fin de la pandemia de la COVID-19. Un año todavía complicado, que nos ha llevado al final de un túnel donde todavía nos tenemos que resituar y que, tal como sospechábamos, no nos ha hecho mejorar como sociedad. Todo al contrario, vemos como aumentan los discursos de odio y la sociedad civil es asediada cada vez más en todo el mundo. La democracia y los derechos humanos retroceden en países en los cuales hemos intentado contribuir en sus procesos sociales durante mucho de tiempo, de la mano de nuestras compañeras.
Este año será recordado, probablemente, porque la guerra se ha vuelto a instalar en Europa. De nuevo se ha desatado una oleada de solidaridad hacia las personas afectadas, que esta vez ha sido acompañada de la constatación evidente de nuestra hipocresía como sociedad. El color de piel ha hecho la diferencia para abrir nuestras puertas, mientras que la vergüenza y la represión continúan instaladas en la frontera sur.
También recordaremos, o no, los pasos decididos que hacemos hacia el colapso ambiental. La emergencia climática añade presión en las fronteras meridionales de nuestra Europa fortaleza, pero cada vez son más evidentes los impactos cercanos de una crisis que, como siempre, pagarán las personas y colectivos más desfavorecidos. En este contexto ha tocado hablar, hacer y movilizarse por las injusticias de siempre, pero cada vez asumiendo e integrando la dimensión climática de manera más intensa.
La sequía ya no es solo un problema del corredor mesoamericano o del mato mozambiqueño y nos hace cuestionar todavía más nuestro modelo alimentario o el crecimiento urbanístico que sufrimos. Nuestro sistema energético quiebra con los hogares y las personas vulnerables, y el extractivismo en que se basa ya no es algo que atañe solo a la Amazonia. Y la inteligencia artificial, que todavía no sabemos si vino para hacernos la vida más fácil o controlarla más fácilmente. Todo esto no hace nada más que confirmar la necesidad de fortalecer redes y complicidades globales y feministas, y que este año nos ha llevado a estrechar vínculos con más alianzas internacionales.
Pero somos optimistas, a pesar de todo, porque no hay tiempo para bajar los brazos, hay que continuar trabajando por un mundo más justo. Este año hemos hecho 30 años como entidad y tuvimos la inmensa suerte de celebrarlo con muchas de las personas que han aportado su granito de arena y su compromiso a tantas luchas. También hemos dado la bienvenida a un nuevo grupo de personas voluntarias fuera de Cataluña, a Navarra, con el que compartimos nuestra entidad.
Finalmente, deciros que hemos iniciado un proceso de reflexión que continuará durante el 2023, para reformular la entidad y dotarnos de una estrategia que asuma todos estos desafíos en este nuevo tiempo que se abre.
Queremos animaros a leer esta memoria de un año intenso. También, queremos agradeceros vuestra colaboración y pediros que continuéis creyendo en la posibilidad de dejar todos los túneles atrás.
Junta directiva de ESF
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