Periodismo ciudadano: el periodismo de la calle en búsqueda de justicia
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Periodismo ciudadano: el periodismo de la calle en búsqueda de justicia

El pasado 14 de mayo, en el histórico Complejo Monumental de Belén en Cajamarca, las Defensoras de la Vida y la Pachamama presentaban su trabajo fotográfico sobre el tema “Mujeres y Territorios”. La exposición, que coincidía con la presentación de la investigación de la escritora feminista peruana Rocío Silva Santisteban (Mujeres y Conflictos Ecoterritoriales), clausuraba un programa de formación de varios meses en periodismo ciudadano, realizado entre 2017 y 2018 por Enginyeria Sense Fronteres y Grufides, en colaboración con la organización Demus.

Bérengère Sarrazin, voluntària del grup Perú d’ESF

En agosto del 2011, la joven cajamarquina Isidora Chaupe, hija de la mundialmente reconocida defensora Máxima Acuña, revolucionaba, sin sospecharlo, la trama de la lucha ambiental para muchas mujeres de la región. En un vídeo grabado con su teléfono móvil, la joven revelaba los actos de violencia y amenazas que venía sufriendo su familia por parte de la empresa minera Yanacocha. Al tomar estas imágenes y difundirlas en las redes sociales, representaba un reto crucial para lxs activistas ambientales de la región: el papel del periodismo ciudadano en la búsqueda de la justicia.

La democratización de las herramientas de información y comunicación en manos de la ciudadanía está marcando un antes y un después en el mundo del activismo. En Perú, la práctica del periodismo ciudadano ha abierto numerosas posibilidades de denunciar la vulneración de derechos, así como para generar opinión, debate y difusión inmediata acerca de realidades ocultas. En la misma región de Cajamarca, los acontecimientos que se han ido sucediendo durante el primer año y medio de conflicto socioambiental tras la irrupción del megaproyecto minero Conga en un territorio esencial para el sostén de la vida de muchas comunidades, han sido prácticamente cubiertos en su totalidad por lxs ciudadanxs campesinxs y urbanxs de la región. Poca fue la presencia de la prensa oficial y pocos fueron los relatos exentos del intento de politizar los enfrentamientos y satanizar a los defensorxs del medioambiente. En esta coyuntura, el objetivo del uso espontáneo de los medios sociales de comunicación es claro: acallar el silencio y la complicidad de los grandes medios de comunicación para denunciar, informar y proteger los Derechos Humanos y de la Naturaleza.

Hoy en día, lxs defensorxs del medio ambiente y los derechos humanos, siguen construyendo conocimientos y alternativas, de lxs cuales, muchas son mujeres, que se reunieron en organizaciones para aunar esfuerzos. La iniciativa de Isidora Chaupe en 2011 tuvo un eco diferenciado en los colectivos femeninos, ya que daba la voz a las mujeres, superando las barreras tradicionales de acceso a los grandes medios de comunicación.

¿Cómo y cuándo puedo utilizar el móvil? ¿Cómo expresar lo que veo, escucho y creo? ¿Por qué la ética periodística es tan importante? ¿Cómo realizar una entrevista, redactar una nota de prensa? ¿Cuáles son los secretos del lenguaje radial y fotográfico? ¿Las redes sociales son un buen medio de difusión para mi intención activista? Fueron muchas las preguntas que nos invitaban a descubrir, entender, compartir y desafiar nuestros propios límites en el marco de los “Talleres de periodismo ciudadano en radio, fotoperiodismo y redes sociales”.

Se construyeron los módulos basando el aprendizaje en los cánones de la pedagogía activa. Lxs participantes aprendieron a realizar notas periodísticas, entrevistas y locución y ponerlo en práctica en el programa radial “Las Mujeres Hablan”. Entraron en el mundo de las redes y medios sociales para la difusión de sus notas, fotografías y búsqueda de información de primera mano. Descubrieron los fundamentos del fotoperiodismo y de la leyenda, lo cual se concretó en la exposición pública de sus trabajos en la ciudad de Cajamarca, a donde acudieron centenares de personas.

Para concluir el curso, estxs nuevxs periodistas ciudadanxs recibieron un diplomado de participación, un fotocheck y el Manual de periodismo ciudadano que compila los saberes adquiridos a lo largo de los meses.

El derecho a la comunicación y a la información, una necesidad humana y social tan básica, tan lógica y obvia en un mundo global donde nada ocurre de forma aislada ni meramente circunstancial, donde el saber y el comprender las lógicas y los mecanismos que subyacen a las prácticas más o menos violentas, más o menos normalizadas o aceptadas que vivimos y/o padecemos diariamente en nuestras diversas y conectadas sociedades, constituye en verdad el derecho más vital, el derecho garante de todos los derechos: se trata, pues, de la principal herramienta para el ejercicio pleno de todos los demás derechos humanos reconocidos en las declaraciones y pactos universales, que nos definen como seres iguales en medio de nuestras diversidades. Y es que, si en algún momento estos derechos tuvieron que ser nombrados, señalados, estudiados, reconocidos y ratificados mundialmente, será que principios, libertades y necesidades tan naturales e inherentes al ser humano se vieron en algún momento amenazados y se convirtieron en susceptibles de ser protegidos ante las perversidades antropogénicas que caracterizan el devenir histórico de nuestras sociedades.

Por eso mismo, la diferencia entre una necesidad y un derecho radica en que, mientras la primera es natural y no precisa de ningún tipo de mecanismo para poder ser efectivamente satisfecha, el segundo constituye una necesidad vital que necesita de mecanismos universales de protección y del compromiso y voluntad de quienes tienen el deber de salvaguardar las democracias, que son, en definitiva, quienes, en nuestro nombre, construyen y ejecutan las leyes que ordenan nuestra convivencia a múltiples escalas. No es difícil de comprender, por tanto, en cuanto que conocer, comprender e identificar estos derechos en nuestro diario vivir implica la capacidad de defenderse y de utilizar las pertinentes herramientas ante posibles abusos y violencias que arremeten contra la dignidad y libertad humana, que aquellas personas físicas o jurídicas que construyen su razón de ser en base al lucro ilimitado (lo cual resulta incompatible con el respeto de los derechos humanos y ambientales) se valgan de la desinformación y la manipulación para desvirtuar cualquier posibilidad de resistencia y reclamo social. Personas y colectivos informados, organizados, movilizados y con agencia respecto a sus vidas, representan el fin de los privilegios, porque suponen la obligatoriedad de cumplir y respetar los derechos que se pretendían vulnerar como “efecto colateral” de las pretensiones de lucrarse de forma ilegítima, egoísta y criminal.

Las mujeres de Cajamarca, ahora más comprometidas que nunca con su deber como periodistas ciudadanas, son conscientes de encontrarse en una condición de extrema amenaza por pertenecer a un territorio que se volvió el blanco de la ambición extractivista-capitalista y colonialista. Tanto es así, que también reconocen el valor supremo del derecho de sus comunidades a permanecer informadxs y de comunicar, hacia dentro y hacia fuera, para que su voz, sus reclamos y sus testimonios retumben y no dejen indiferente a nadie en aquellos espacios donde la información, la comprensión y la solidaridad germinan la victoria de la vida y del pueblo que la protege de sus principales detractores.