Hacen falta mecanismos reales para garantizar el Derecho Humano al Agua y al Saneamiento (DHAS)
Los pasados 17 y 18 de junio participamos en Sevilla en el encuentro organizado por la Global Water Operators’ Partnerships Alliance (GWOPA/ONU-Hàbitat), AECID y Aqua Publica Europea (APE), entre otros, sobre Diálogos Europeos de Actores Clave para la Promoción de Alianzas entre Operadores de Agua.
El objetivo del encuentro fue analizar las claves, retos y aportaciones de la cooperación técnica, para seguir impulsando iniciativas de hermanamiento que fortalezcan la gestión del agua a escala global.
Las ponencias y debates pusieron de manifiesto que, para establecer colaboraciones eficaces entre operadores de agua (WOPs), hacen falta varios elementos fundamentales. En primer lugar, un compromiso a largo plazo, que permita construir relaciones sólidas y sostenibles. También se destacó la necesidad de profesionalización y continuidad técnica, para garantizar la calidad y el impacto de las actuaciones. La confianza mutua entre socios, un marco legal favorable y una financiación estable completan este conjunto de requisitos, identificados como claves para hacer realidad el potencial transformador de los WOPs.
Entre las personas asistentes se puso sobre la mesa el reto que supone llevar el trabajo por el derecho al agua en las zonas rurales, donde los operadores no tienen, a menudo, la capacidad institucional para participar en este tipo de hermanamientos. En este sentido, creemos que sería muy valioso incorporar en este trabajo los operadores vecinales y fomentar hermanamientos en esta línea. También habría que poner el foco en agrupaciones municipales, como las mancomunidades, o empresas de carácter supramunicipal como las que gestionan servicios desde las diputaciones.
Celebramos la voluntad de generar espacios de intercambio y colaboración. Pero creemos necesario señalar que los mecanismos propuestos actualmente no tienen en cuenta, ni benefician, los actores que se encuentren en contextos más vulnerables, como la gestión comunitaria o los pequeños operadores públicos, que a menudo se encuentren en zonas rurales y operan con pocos recursos, con poco reconocimiento y donde el Derecho Humano al Agua y al Saneamiento (DHAS) se ve menos garantizado.
El DHAS es un derecho fundamental reconocido por la Asamblea General de la ONU en 2010, que establece que todas las personas tienen que tener acceso garantizado en una agua suficiente, salubre, aceptable, accesible y asequible para uso personal y doméstico.
Aun así, la realidad es que este derecho continúa siendo sistemáticamente incumplido. Según el IPCC (2021), más de 2.000 millones de personas viven en zonas con escasez de agua y cerca de 4.000 millones sufren graves dificultades de acceso. La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta que 2.400 millones no tienen acceso a servicios básicos de saneamiento.
Garantizar el DHAS exige poner en el centro los territorios y comunidades que más sufren la carencia de infraestructura, recursos y apoyo. Garantizar el DHAS también es poner la vida y los ecosistemas por delante de los intereses económicos con fines lucrativos. Sin mecanismos pensados desde y por estas realidades, las alianzas entre operadores corren el riesgo de reproducir desigualdades en lugar de superarlas.
Uno de los grandes retos identificados fue la financiación, especialmente para garantizar la continuidad y eficacia de las colaboraciones. Queremos poner énfasis en una cuestión fundamental, la participación de operadores privados en estos hermanamientos. No se pueden concebir partenariados con empresas privadas en este ámbito, puesto que su naturaleza y objetivo principal es la maximización de beneficios, hecho que entra en conflicto directo con el enfoque de derechos y el interés público que tendría que guiar toda estrategia de cooperación. Consideramos que la estrategia de cooperación tendría que estar liderada por entidades con un claro compromiso con el derecho humano al agua, dentro de marcos políticos conscientes y planificados. Esto incluye agencias públicas, ONG y administraciones (o empresas públicas) con personal capacitado y experiencia en el terreno. Las alianzas efectivas no pueden basarse en lógicas de mercado, sino en principios de solidaridad, equidad y sostenibilidad.
Hay que escuchar y apoyar a quienes gestionan el agua con criterios de sostenibilidad, equidad y arraigo en el territorio. Solo una cooperación basada en estos principios podrá garantizar una gestión justa del agua que no deje nadie atrás.
Nuestra participación en este espacio ha sido posible gracias al apoyo del Departamento de Acción Exterior y Unión Europea de la Generalitat de Cataluña.
