El cacao milenario, fruto del buen vivir
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Tras el 1er Encuentro de Mujeres Chocolateras de Jaén del pasado 19 de abril, productores y productoras de cacao y mujeres chocolateras, continúan avanzando en la senda del trabajo colaborativo, fruto del convencimiento de que el buen vivir de sus comunidades se encuentra estrechamente relacionado con el buen tejer de relaciones entre lxs distintxs integrantes de la cadena productiva del chocolate local.

El Taller de campo para identificar y valorar las variedades de cacao criollo fino de aroma, celebrado el pasado 4 de mayo, ha servido para sembrar las primeras semillas de un modelo de economía local social y solidaria que conecta a productores/as y chocolateras con su cultura amazónica ancestral.

Y es que en los valles del Marañón, se encuentran vestigios de culturas amazónicas milenarias que ya habrían domesticado el cacao hace más de 5000 años, tal es el caso de la Huaca Montegrande, en Jaén, un sitio arqueológico que alberga una enigmática tumba en espiral, en la cual, el Arqueólogo Quirino Olivera ha encontrado semillas de cacao que demuestran que los valles amazónicos de Perú y Ecuador son el centro de origen del cacao (Theobroma cacao).

El taller de campo realizado el 4 de mayo, se desarrolló en el banco de Germoplasma de la Agencia Agraria de Jaén, donde cuentan con 96 cultivares de cacao de la colección Marañón. Son variedades de cacao regionales seleccionadas de fincas de productores y productoras de los valles del Marañón. Algunas de estas variedades ya sólo existen en el banco porque las fincas de donde fueron seleccionadas han sido sustituidas por arroz o urbanizadas, y por tanto, constituye un legado genético muy importante. El reto sería registrar una denominación de origen del cacao del Marañón, como centro de origen de la domesticación del mismo por culturas amazónicas milenarias.

Y, precisamente, éste es el propósito que une tanto a lxs agricultorxs del cacao como a las mujeres chocolateras, quienes ya se encuentran inmersas en un proceso de formación para optimizar la producción, transformación y comercialización de su chocolate local. La obtención de una marca colectiva y la denominación de origen de su chocolate, nace de la necesidad de vencer la competitividad y masificación de marcas, lo cual profundiza la condición de vulnerabilidad de las mujeres transformadoras del cacao y degrada la cohesión social. La marca colectiva y la denominación de origen puede ser la herramienta que permita a las comunidades desarrollar su soberanía económica y salvaguardar las semillas recibidas como legado de su cultura ancestral, en el marco de un proyecto colaborativo de economía solidaria y solidaria que les permita vender sus productos en unos precios justos y dignos.

Es ésta la línea en la que los productores y productoras de cacao y las mujeres chocolateras han decidido dar continuidad a una red de trabajo que, aunque recién comienza a constituirse, es susceptible de desencadenar procesos que encaucen el bienestar económico y social hacia los diversos espacios vitales en las comunidades, de modo que las alternativas social y ambientalmente sostenibles permeen en sus territorios amenazados por el modelo económico capitalista y extractivista.

Para este ambicioso proyecto, se cuenta con el apoyo de Enginyeria Sense Fronteres y su contraparte local, Grufides, en convenio con la Universidad Nacional de Jaén y la Municipalidad Provincial de Jaén y cuenta con el financiamiento de la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID) y el Ayuntamiento de Barcelona.